¿Qué sucedió en el AÑO 70 d.C y por qué es tan importante para el judaísmo y el cristianismo?

El asedio de Jerusalén del año 70 d.C. fue un evento decisivo en la formación de la identidad cristiana y judía. También es clave para entender el contexto del Nuevo Testamento.

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El año 70 es clave para entender el contexto bíblico del Nuevo Testamento y la historia tanto del judaísmo como del cristianismo. ¿Qué fue lo que sucedió? El asedio y caída de Jerusalén. Pero ¿qué provocó este evento?

Revuelta motivada por la ambición

El procurador romano Gesio Floro asumió el gobierno de la provincia de Judea en el año 64. Si bien no dispone de registros históricos precisos sobre su nacimiento o su vida temprana, sí se sabe que amaba el dinero y odiaba a los judíos. Su gobierno no solo descuidó completamente la religiosidad, sino que fue conocido por la tiranía. 

En una época en la que los ingresos fiscales eran bajos, Gesio Floro se apoderó de la plata del templo en Jerusalén. Como era de esperarse, esto provocó una oposición creciente contra él por parte de los judíos. Por eso, en el año 66, envió tropas a Jerusalén que masacraron a al menos 3600 ciudadanos. Esta acción fue la gota que rebosó la copa, causando una gran rebelión que se había gestado por años, que se conoció como la Primera Revuelta Judía (66 – 73).

Jerusalén en la época de Herodes, siglo I a. C.

Jerusalén tuvo un papel protagónico durante la revuelta. El capitán del templo se solidarizó con la causa judía al detener los sacrificios diarios al César. Pronto, muchos en la ciudad también se unieron, y toda Jerusalén pronto se vio alborotada. Las tropas romanas comenzaron a ser expulsadas y asesinadas. 

Este espíritu de rebelión se expandió a Judea y Galilea, las cuales también se rebelaron. Aunque Cestio Callus, el gobernador romano de la región, marchó desde Siria con veinte mil soldados y asedió Jerusalén durante seis meses, falló y no pudo detener la rebelión. Dejó seis mil soldados romanos muertos, sin mencionar el armamento que los defensores judíos recogieron y usaron.

El asedio a Jerusalén

Pero los judíos comenzaron a perder la batalla en Jerusalén cuando el emperador Nerón (37 – 68) envió a Vespasiano (9 – 79) para sofocar la rebelión de Judea. Este general condecorado detuvo la oposición en Galilea, luego en Transjordania, luego en Idumea y dio la vuelta a Jerusalén. 

Sin embargo, antes del golpe de gracia, Nerón murió. Vespasiano se vio envuelto en una lucha de liderazgo que concluyó con los ejércitos orientales pidiéndole que fuera emperador. Uno de sus primeros actos, luego de su asenso como emperador en el año 69, fue nombrar a su hijo Tito (39 – 81) para conducir la guerra contra los judíos.

Vespasiano

En el tiempo de la rebelión y el asedio, Jerusalén estaba aislada del resto de la nación, y las facciones dentro de la ciudad luchaban por encontrar estrategias de defensa. A medida que avanzaba el asedio, la gente comenzó a morir de hambre y peste. La situación era tal que, por ejemplo, la esposa del sumo sacerdote, quien una vez vivió en medio del lujo, tuvo que buscar migajas en las calles.

Mientras tanto, los romanos emplearon máquinas de guerra para lanzar rocas contra los muros de la ciudad. Los defensores judíos luchaban durante el día y reconstruían los muros en la noche. Finalmente, los romanos atravesaron el muro exterior, luego el segundo y finalmente el tercero. Aun así, los judíos lucharon, corriendo hacia el templo como su última línea de defensa.

Asedio de Jerusalén (1850) por David Roberts.

Final de la revuelta

Ese fue el final para los valientes defensores judíos y para el templo en el año 70. El historiador Flavio Josefo (37 – 100) afirmó que Tito quería preservar el templo, pero sus soldados estaban tan furiosos con sus resistentes oponentes que lo quemaron. Finalmente, los judíos de Jerusalén que quedaron vivos fueron asesinados o vendidos como esclavos.

Sin embargo, la revuelta no encontraría su amargo final sino tres años después, en Masada. Este era el lugar de una gran roca que domina el Mar Muerto, construida originalmente por Herodes el Grande (73 – 4 a.C.) entre los años 37 – 31 a.C. Los romanos habían hecho una fortaleza allí que, aunque era prácticamente inexpugnable, había sido tomada por los judíos en el 66, al comienzo de la revuelta. Sin embargo, entre el 72 y 73, los romanos volvieron a tomar Masada, acabando con uno de los últimos focos de resistencia. Cuando construyeron una rampa de asedio e invadieron la fortaleza, encontraron a los defensores muertos: se habían suicidado para evitar ser capturados por extranjeros.

Rampa de asedio construida por los romanos en Masada.
Rampa de asedio construida por los romanos en Masada.

Estos hechos marcaron el fin de un estado judío, que no volvería a existir sino hasta los tiempos modernos. La destrucción del templo también significó un profundo cambio en la adoración de los judíos: su situación vino a ser similar a la que tuvieron después de ser dispersados en el exilio babilónico del 586 a.C., año en el que también fue destruido el templo. Desde el 70, el sistema de sacrificios se terminó, haciendo que las ceremonias se ajustaran para el hogar y la sinagoga. El Sanedrín también se disolvió y el centro de la religión judía se trasladó a las instituciones educativas de Jamnia.

Separación entre cristianos y judíos

Pero ¿dónde estaban los cristianos durante la revuelta? Básicamente fuera de Jerusalén. Muchos habían sido expulsados ​​de la ciudad por la persecución llevada a cabo décadas atrás. Eusebio de Cesarea (263 – 339) escribió que, cuando comenzó la revuelta en el año 66, algunos de los cristianos judíos restantes huyeron a Pella, una ciudad al otro lado del río Jordán.

Se podría decir que estos eventos balancearon el equilibrio de poder de la joven iglesia hacia los gentiles. Misioneros como el apóstol Pablo originalmente habían tratado con una iglesia judía fuerte con sede en Jerusalén, pero la no participación de los judíos cristianos en la revuelta creó una brecha obvia entre ellos y sus contrapartes tradicionales. 

Pablo predicando en Atenas / Pintura de Rafael.

Después del año 70, a los cristianos no se les permitió entrar de nuevo en las sinagogas. La caída de Jerusalén, entonces, hizo a los cristianos aún más distintos de los judíos e impulsó a la iglesia a desarrollarse principalmente entre los gentiles. Incluso en estos hechos tan terribles, vemos cómo la soberanía de Dios guio el crecimiento de la iglesia hasta los confines de la tierra.

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